domingo, 29 de marzo de 2009

Una entrada más

Llega el final del día y regreso del mundo, porque acá los bosques han mermado y las flores crecen en lugares insondables. La mesa, iluminada por una triste lámpara blanca, me ofrece de comer. Alimento que ingiero solitario, pensando en nada, porque mi egoísmo impide a veces que agradezca ese privilegio.

Empieza el tecleo cotidiano, el análisis de postulados, la tediosa cotidianeidad de pretender entender los que ya está entendido. La luminosa pantalla del ordenador carcome mis ojos, miro a la calle que se baña en un chorro naranja intermitente. Los fantasmas del mundo recorren las calles vociferando unos, taciturnos otros. De vez en cuando el viento sopla, y mueve los árboles y los nidos en un vaivén placentero y fresco. Pero el viento se va, dejando el calor y diez hojas en el suelo.

Dentro, el chasquido del encendedor prendiendo un cigarro que he cargado durante todo el día. Arrugado, casi sin tabaco, pero al final es la heroína en segundo grado la que me despeja y me hace sentir mejor que sin ella. Cruzo unas cuantas palabras con alguien, sin otro sentido que romper el silencio que a veces mata. Al fondo, el televisor anuncia lo mismo de ayer, lo mismo del día antes de ayer y, lo más probable, lo mismo de mañana. En la distancia, muy lejos, una caricia de alma y de piel, casi inaccesible, casi etérea, pero que quema el espíritu y mueve los días.

Antes solía mirar las estrellas, tirar una tonada al aire. Pero esos eran mis días de infancia, mis días sin responsabilidad, mis días de sueño. Ahora sólo quisiera terminar la teoría, para soñar donde se debe, o donde el mundo exige que se debe, en cama y de madrugada, sin actuar y sin perturbar la rotación terrestre. Ay del ser que pierde la capacidad de maravillarse con la hormiga que levanta cien veces su peso, con la hoja muerta que se la lleva el río, con la pregunta de cuántas gotas de lluvia caen en cada ladrillo en una tarde de mayo, con el intrépido salto de un gato sobre un descuidado y condenado ratón, con una estrella que fugaz y de esporádica manera se precipita a la atmósfera para convertirse en nada. Ay del ser que ya no pide un deseo al alma de una estrella fugaz.

Pensar que se ha consagrado el mayor esfuerzo a la vida, y enterarse que todo ha significado nada... qué frustra-desespera-ción. Contemplar el mundo y la vida como uno de esos dibujos enumerados para darle color y haber perdido el pincel, o no saber contar... ¿acaso debería entonces proceder a pintar con los dedos y del color que quisiera?. Qué vale estar escribiendo estas líneas en este medio vacío de 1000 amigos que jamás conoceré o con quienes jamás cruzaré palabra, sino con unos cuantos. Ay de los días terribles en escala de grises. Ay del mar sin puente, ay del querer distante, ay de los días que se anhelan y que se los ha tragado el tiempo o una realidad sin anhelos. Ay de la guitarra con las cuerdas rotas. La botella ultraja el sentido, pero ensalza el espíritu en versos que no puedo recordar, pero sé que, al menos una noche, afloraron.

Una Percepción

Todo parece ser tan etéreo, como que si nada hubiese ahí. Como un sueño, sí, talvez como eso. No parece la ciudad corriente, no parece haber ruido. Todo es como un mundo ajeno al trajín cotidiano que inunda la vida contada de los mortales. Pero al parecer sí es. Hay risas, hay humo, hay profesoras godas que desatan su infelicidad acumulada sobre la autoestima de almas inocentes o maestros ebrios que acosan adolescentes en un salón pálido de campus en decadencia.

No será acaso que es un alma añeja atrapada en un mundo moderno, en una pantalla dura y fría, resplandeciente y uniforme. Qué es no sé, pero al parecer es, siendo el ser la existencia, la típica interacción material sin contar la metafísica o lo intangible o el éter, lo impalpable, lo insondable, lo inasible, lo que no está porque no lo toco y si no lo veo es porque no existe. Pero dicen que sí es, a mí no me consta, al final podría ser un juego. Dicen que es un topacio entre granos de arena, pero y si de verdad fuese solo millones de granos acumulados y coloreados, ya no sería lo que he escuchado que es, lo que quiero creer que puede ser.

Y si me pierdo en dos tarros de miel, de ámbar, de ocaso si acaso. Qué si me pierdo, es que acaso no me he perdido en fragmentos de obsidiana, en pozas marinas, en galaxias distantes. Ah sí, ese recuerdo de galaxias distantes que ya no están, pero que alguna vez me dieron reposo.

Pero como decía, los fragmentos de sueños reales me perturban. Pero qué perturbación más placentera, al final se podrían moldear en fantasías propias que forjarías historias, de no ser cierto. Al final eso soy: un contador de historias. Oh, frase del ser que odio entre mis vísceras pero que al final debo reconocer que me gustó ese calificativo: contador de historias. Pero mejor saldría cuenta cuentos, aunque sería muy evidente a quién cito, además ya lo he usado, y no lo repetiré más. Mejor lo guardo en esa pequeña caja hermética, la que está al costado de la morada.

La tarde gris se ha ido en ideas mutiladas de brazos. Hay un letargo provocado por el desvelo, una pereza opiácea clavada en la espina por el sol del mediodía acumulado después de 8 cuadras a punta de zapatos rotos. En la oficina todo es ruido de aires acondicionados. Un cigarro por aquí y otro por allá, al final ya no hice nada… mañana será un día más, talvez más ocioso y descansado.

Y el sueño es intermitente, a veces es más verdadero, pero casi nunca terrestre. Será un día de éstos, el día aquél cuando desperté para encontrarlo terrenal… no sé a lo mejor, talvez, quién sabe, quizás. Ojalá no sé, yo no quisiera tener caminos cansados en las paredes atormentando más un descanso que ya casi es un lujo. Pero bueno, el sueño es soñado por más de uno y yo ya ni sé si sueño despierto o es que vivo soñando.

Gestación de Tristeza entre risa

Todo se plasma en pequeños fragmentos,
Visiones de tus ojos que
Muestran verdades inasibles
Y etéreas, entre mantos de niebla.

Cuando hubo una mano tibia
Todo pareció integrarse en
Una concatenación de aconteceres
Futuros, forjados por presentes sin pasado.

No sentimos la vida como un vértigo,
Ni se siente el amor como palpitaciones azarosas.
Se vive entre la tinta y el sueño
Que se estrellan contra verdades de concreto.

Y aunque un gesto noble se forje
En las entrañas seguras de lo incierto.
No habrá cabida, aquí, a historias de fragmentos
De visiones de ojos ajenos.

Somos forjadores de tonadas tristes
Y versos de desamparo.

Carretera

Bajamos la carretera sobre el río de azulada dureza
Yendo más rápido que todas las estrellas
Que ese universo que se revela sobre nosotros
Puede reservar al diafragma biológico
Abierto hasta el punto de la sobreexposición neuronal.

Por las colinas verdes de fríos suspiros
Bajamos, bajamos
Vemos el perfil solitario de los árboles entre el cielo purpúreo
Y la tierra que se cobija ante la noche
Con su manta de oscuro satín.

Y cantan los grillos
Rrri rrrri rrrrri
Su serenata de mil años a una luna que no los toca
Se pierde, se aleja se difumina entre los rugidos de los coyotes.
Escondidos coyotes que buscan la carne desprevenida.
Pero esta cápsula del tiempo es impenetrable
Y su grito de luz perturba a las criaturas de la noche.

Y todas las hadas que han dejado su perfume de humo
se extinguen en pequeñas brazas dentro de su lecho de pergamino.
Empiezan los ríos sonoros a verter su elíxir en mi extasiado sentido.
Y la curvatura del espacio es descendida
Como una montaña rusa gigante y oscura de planos cartesianos de neón colorado
Hasta donde se pierde el tic tac, y los relojes, y cronos pierde la vista, sin saber
A quién sigue y qué Busca.

Somos inmortales, inmunes al dolor,
Despojados de sufrimiento,
Somos el temor de las percepciones,
La esquizofrenia de los sentidos,
El escarnio de los ojos arados,
El éxtasis del tacto, somos la dialéctica, el discurso, el ágora del mundo.
Somos papeles escritos con tinta de la India,
Somos el loto de la redención y citares principales en un frenesí de almas sobre el Ganges.

Somos estelas de luces, navegantes del espacio encallados en el desierto.
Desiertos en donde no queda más que hallar el más cercano oasis.

Querer (Juego de Peligro)

Jugamos a sentirnos con las manos frías
Queriendo despertar del éter los sueños profundos
Queremos cruzar las miradas y jamás despertarnos
Queremos hacer que la luna, sobre la noche,
Brille con luz propia.

Queremos asirnos a las apariencias de lo apropiado
Queremos ser cuerpos entre algodones fraguados
Queremos juntar los astros
Aspirar las estrellas
Queremos sondear en la profundidad del océano
Los bellos tesoros, para después olvidar.

Queremos necesitarnos sin dejar los placeres
Olvidar las discrepancias en el regocijante azar
Queremos ser aves de vuelos lejanos
Queremos perdernos como las olas del mar.

Queremos que un sueño sea la realidad
Sin conocer realidades que habremos de soñar
Queremos tener palpitaciones de brazas
Saber que sentimos el gozo sin tener que llorar.

Deshagamos la cotidiana sonrisa
Y ese buen día de tan fría mejía
Hagamos collares de galaxias
Y pongamos cuatro soles en lugar de bombillas.
Si es bello y se acaba que no haya lágrimas
Si es crudo y terrible que al despertar se olvide.
Pongamos la tinta en el papel
Y el corazón en el tintero
Que se forjen los versos más tristes
Y ya después, en el recuerdo,
Como quijotes cabalguemos.

jueves, 1 de mayo de 2008

Recuerdo

Yo sé que, pasado el tiempo, me olvidarás.
Seré, si acaso, vago recuerdo de melancolía.
Quizás, pasado el tiempo, querrás escuchar una voz,
pero la memoria te mentirá, y no sabrás que era la mía.


Quizás recuerdes las tardes, y los atardeceres.

Talvez recuerdes mis tristes ojos verdes.

Puede que canciones viejas, las oigas y te estremezcan,
pero aquél rostro mío al cantar, puede que ya no lo veas.


En mis cajones conservo, papeles e improvisados versos.
En mi labor de contar, cada vivencia es un fragmento.
¿Serás tú, Flor Alpina, uno de los más dulces recuerdos?

Y allá, lejana, cuando llegue el frío invierno,
regresarás a aquella isla, a la madrugada bajo el cielo,
y recordarás, que de éste, eres Estrella Azul de mil destellos.

Parte Compañero


Hoy no te hablo, hermano, por lo que fuimos.
Hoy me despido de ti como camarada
Regresas del dulce abismo, a velar el huerto.
Hoy te abrazan las banderas invisibles
Posándote estrellas y rubíes, a los que abjuras.
Viejo austero, terco e imprescindible
Mano generosa, noble y de acero
Pero de seda y paterna para con aquellas.
Cuántas tertulias quedaron pendientes.
Cuántas páginas se podrían colmar de historias,
Esas historias anónimas que hicieron historia.
Tu nombre es ambiguo, tu pasado es glorioso
Tu edad es certera, pesada
Tu edad trae consigo las canas y tardes polvorientas.
Eres personaje de una novela marqueciana.
¿Serás abuelo que ganó mil batallas?
¿Interrumpirás más besos para dar solución
A problemas que forjas, conciente, en tu imaginación?
Parte hermano, ya cumpliste con tu labor
Tu huella se plasmó en la más dura obsidiana.
Incierto es si te volveré a ver,
Hoy por hoy te digo,
Jamás te dejé de admirar Manuel.