Bastante esperanzado quedé con la Yuma después de verla. Me gustó, me entretuvo y me hizo reír. La gente con la que había ido a verla igualmente quedó satisfecha y pensábamos, creo que seguimos haciéndolo, que en Nicaragua hay todavía mucho potencial para hacer cine o productos audiovisuales interesantes y creativos. Claro está que la plata es siempre el principal lastre que retrasa este tipo de creaciones.
Con la misma esperanza fui a ver “El último comandante”, de la directora Isabel Martínez (tica nicaragüense) y el brasileño Vicente Ferraz. Me aventuré a ver la nueva propuesta cinematográfica. Sala llena, mucha gente, farándula local, ex políticos. Me tocó sentarme en los escalones, junto con mi acompañante y dos amigos, al igual que muchas otras personas que no alcanzaron a tomar asiento.
En síntesis la película trata sobre un ex guerrillero nicaragüense (Paco Jarquín) que durante la guerra de los 80´s, cansado de ésta y buscando una vida más tranquila, huye hacia Costa Rica para alcanzar su sueño de ser profesor de baile. Hasta este punto, la película no me sonaba muy convincente, pero bueno había que darle una oportunidad. De igual manera, cualquier tipo de historia que esté bien contada puede llegar a ser agradable.
Uno de los elementos que restó puntos a la película fueron los diálogos, o más bien los acentos de los personajes. Damián Alcázar (Paco Jarquín) es un mexicano intentando hablar como nicaragüense y, al menos yo, no logré identificarme con él. Ni siquiera en los jodidos ni los hijos de puta (porque el nica dice hijueputa), que fueron quizás los únicos vestigios de nuestra habla, además del “vos”. Igualmente pasaba con el acento tico, ya que el único que me logró convencer fue el dueño del club “El Yugo”, donde Paco Jarquín impartía sus clases de baile.
La película inicia con Nena (ex amante de Paco y ex guerrillera) que llega a Costa Rica para encontrarse con él, después de haber recibido un telegrama donde confirmaba que éste seguía vivo. Sin embargo el papel de Nena pasa a un segundo plano, ya que la trama se pierde en contar la historia de Jarquín, guerrillero arrepentido, mujeriego y oportunista, que robó la vida de Marvin Rosa, la mejor cantante del Caribe costarricense. Le prometió fama, fantasías y sueños para después abandonarla a su suerte, y convertirla en una alcohólica que muere en un hospital público de la capital tica. Nadie sabe al final quién envió el telegrama, y Nena termina borracha un mediodía en las calles de San José.
Otro personaje fue Morita (Alfredo Catania). Él es el que sigue creyendo en los ideales, el que se ha quedado atrapado en el tiempo, con su casa cayéndose a pedazos, imaginando conspiraciones, creyendo que la guerrilla se está organizando en las montañas, que la lucha final aún no se ha consumado. Sin embargo el personaje, a mi criterio, al final llega a ser ridículo, digno de lástima, el típico con el que todos y todas exclaman: “Qué bello”, pero nadie se atreve a ser como él; ya sea por el evidente fracaso económico al que está sometido o por sus ideales anacrónicos. Al menos ésta es la imagen que la película proyecta.
No me gustó el hecho de que se haya trabajado el estereotipo del nicaragüense en Costa Rica: Mujeriego, displicente, misógino y oportunista. Me pareció también una burla a la revolución y a los revolucionarios al crear este personaje de Morita: iluso, ingenuo, casi divagador y desfasado. Personalmente no creo que la revolución, o la lucha armada al final no hayan valido la pena, y si la revolución no pudo continuar, fue por motivos que la historia bien ha sabido aclarar.
Me pareció la típica historia: la revolución nicaragüense fueron un montón de oportunistas que al final sólo robaron. Creer en la revolución actualmente es algo desfasado y fuera de lugar. Los que creen en la revolución son pendejos o están destinados a la pobreza. ¿Es acaso esta historia la percepción de los arrepentidos?
Algo rescatable de la película fue la fotografía, porque por ahí se dejaban ver sus planos bien elaborados. Igualmente las imágenes de archivo son siempre bienvenidas. Los actores hicieron un buen trabajo en la medida de lo posible (Alcázar y Catania) y vuelvo a opinar que las imágenes de archivo fueron muy buenas. Como cine centroamericano, y latinoamericano, temo por la imagen que del nicaragüense se puedan llevar los demás países, al igual que de nuestra revolución. Espero, no obstante, que también esta película les inste a investigar un poco más sobre la misma.
http://www.youtube.com/watch?v=07k0tFX_jas
1 comentario:
Habrá que verla, pero confieso que guardo un pequeño recelo por el delicado tema que toca (la revolución). Pero bueno, a todo esto, ¿entretiene o no? Porque al fin y al cabo, esa es la finalidad del cine, vender.
Publicar un comentario