jueves, 9 de septiembre de 2010

No hay más refugio

Para que bebiese el vino
Que es propicio a los poetas.

Rubén Darío

Desde hace rato que escuché que habían mandado a cerrar los bares cercanos a la Avenida Universitaria. O bien, no que los hubiesen cerrado, sino que era prohibida la venta de licor. Esto se dio en el contexto de unas protestas en la UNI, y según rumores fue porque los que protestaban se emborrachaban en estos bares y por ende una simple protesta, al calor de los tragos, podría desembocar en una tragedia.

Hace poco estuve en “El Panal”, ya sabía de la prohibición sin embargo el ambiente de dicho bar me gusta y el café que ahí sirven es muy bueno. Me reuní con unos amigos y mientras platicábamos aparecieron dos oficiales boinas rojas, patrulleros, para corroborar si la venta de alcohol seguía vetada. Hubo pleito, maldiciones, la voy a denunciar, vos me pediste riales la vez pasada, le voy a hacer la vida imposible con este negocio y demás maldiciones que incomodaron a todos los presentes. Al menos el gendarme vio que en nuestra mesa sólo había dos botellas de coca cola y un café humeante.

No sé si la dueña vende guaro o si el policía pidió mordida, siendo realistas ninguno de los casos es ajeno a lo posible. Sin embargo sí me molesta que hayan prohibido la venta de alcohol. Acá no quiero promover el consumo de las bebidas alcohólicas, sé que con los vicios es mejor llevárselas al suave, pero por qué afectar a dichos establecimientos por la incapacidad de los dirigentes de controlar a sus súbditos, además ¿qué le impide a un joven comprar una pachita de ron plata o caballito en una venta cercana a su casa, meterla en la mochila y bebérsela durante la manifestación?

¿Qué es una Universidad sin un bar? Puede que sea un estereotipo, pero creo también que es una cuestión más de identificación, de sentir algo como propio. Vivimos en Managua, una ciudad que para los que nacimos después del 72 hemos escuchado sólo ayes de lo que fue, de aquella noche del terremoto, de lo que era la avenida tal y el montón de cuentos de viejos que al final no hicieron mayor cosa que lamentarse. Pero bueno, también la geografía de la capital impide mayor cosa. El asunto es que no vivimos en una ciudad que podemos llamar propia o al menos es muy difícil. No es posible caminar, no hay edificios, no hay avenidas (y si las hay qué importa, nadie las conoce), qué puta es una plaza central sino un lugar donde es peligroso andar a pie. Managua es para los de carro, así de sencillo.

Otra cosa que identifica a Managua es que los negocios abren 3 ó 4 meses y después cierran. Dijo un empresario que era porque no conocían el mercado, también puede ser porque son lavanderías (lavado de dinero), no sé. Sin embargo estos establecimientos cercanos a lo que es la Avenida Universitaria siempre han existido. En un momento hubo un bar que se llamó la Oca, y después de muchos bacanales, en el sentido literario de la palabra, hubo un muerto. Está bien, lo cerraron, porque sus dueños fueron incapaces de controlar los excesos universitarios hasta el punto de desembocar en tragedia. Pero eso fue ya hace tiempo, y hasta ahora nunca se repitió un evento similar.

Pero que ahora vengan con el cuento de que no es posible vender alcohol para que no se emborrachen los estudiantes, o los manifestantes, me parece absurdo. Estamos hablando de universitarios, de chavalos y chavalas que supuestamente ya deciden y saben las consecuencias de sus actos. El Panal para mí fue un refugio después de clases, el punto de reunión a final de año, la antesala de una noche de viernes, el sitio donde tuve miles de pláticas interesantes, conocí gente y aprendí de ellos litro tras litro y aún así salí de la Universidad en tiempo y forma. El Panal fue mi bar, y el de muchos de mis amigos y conocidos: mesas atiborradas, las mismas caras de siempre, los periodistas de la Radio Ya, un sitio donde convergía todo el mundo. Ahora mesas vacías, una que otra pareja que almuerza y se va. Otra vez ha desaparecido (o está desapareciendo) un ícono, tal vez no de Managua, pero sí de dos (o tres) de las universidades más importantes del país.

Creo que esta medida tomada contra los bares “universitarios” es errada, porque anula la capacidad de decidir y más bien fomenta la acción a escondidas que, a mi criterio, es peor. Además, el que quiere beber lo va a hacer con o sin bar cercano, el que no quiere ir a clases no va a ir… hablamos de universitarios y si algo se sabe de ellos, es que las imposiciones no van con el carácter de los mismos.

1 comentario:

Manuel Membreño dijo...

La UNI y la PN tomaron esas represalias creyendo que adoptaban una postura proactiva, cuando en realidad fue meramente reactiva. Ahora, los policías rondan el Panal, pero no llegan a Los Pueblos, donde Jairo y Max siempre tienen litritos bien helados para los exiliados de la UNI.