Todo parece ser tan etéreo, como que si nada hubiese ahí. Como un sueño, sí, talvez como eso. No parece la ciudad corriente, no parece haber ruido. Todo es como un mundo ajeno al trajín cotidiano que inunda la vida contada de los mortales. Pero al parecer sí es. Hay risas, hay humo, hay profesoras godas que desatan su infelicidad acumulada sobre la autoestima de almas inocentes o maestros ebrios que acosan adolescentes en un salón pálido de campus en decadencia.
No será acaso que es un alma añeja atrapada en un mundo moderno, en una pantalla dura y fría, resplandeciente y uniforme. Qué es no sé, pero al parecer es, siendo el ser la existencia, la típica interacción material sin contar la metafísica o lo intangible o el éter, lo impalpable, lo insondable, lo inasible, lo que no está porque no lo toco y si no lo veo es porque no existe. Pero dicen que sí es, a mí no me consta, al final podría ser un juego. Dicen que es un topacio entre granos de arena, pero y si de verdad fuese solo millones de granos acumulados y coloreados, ya no sería lo que he escuchado que es, lo que quiero creer que puede ser.
Y si me pierdo en dos tarros de miel, de ámbar, de ocaso si acaso. Qué si me pierdo, es que acaso no me he perdido en fragmentos de obsidiana, en pozas marinas, en galaxias distantes. Ah sí, ese recuerdo de galaxias distantes que ya no están, pero que alguna vez me dieron reposo.
Pero como decía, los fragmentos de sueños reales me perturban. Pero qué perturbación más placentera, al final se podrían moldear en fantasías propias que forjarías historias, de no ser cierto. Al final eso soy: un contador de historias. Oh, frase del ser que odio entre mis vísceras pero que al final debo reconocer que me gustó ese calificativo: contador de historias. Pero mejor saldría cuenta cuentos, aunque sería muy evidente a quién cito, además ya lo he usado, y no lo repetiré más. Mejor lo guardo en esa pequeña caja hermética, la que está al costado de la morada.
La tarde gris se ha ido en ideas mutiladas de brazos. Hay un letargo provocado por el desvelo, una pereza opiácea clavada en la espina por el sol del mediodía acumulado después de 8 cuadras a punta de zapatos rotos. En la oficina todo es ruido de aires acondicionados. Un cigarro por aquí y otro por allá, al final ya no hice nada… mañana será un día más, talvez más ocioso y descansado.
Y el sueño es intermitente, a veces es más verdadero, pero casi nunca terrestre. Será un día de éstos, el día aquél cuando desperté para encontrarlo terrenal… no sé a lo mejor, talvez, quién sabe, quizás. Ojalá no sé, yo no quisiera tener caminos cansados en las paredes atormentando más un descanso que ya casi es un lujo. Pero bueno, el sueño es soñado por más de uno y yo ya ni sé si sueño despierto o es que vivo soñando.
domingo, 29 de marzo de 2009
Una Percepción
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