domingo, 29 de marzo de 2009

Una descripción

Soy enemigo del sueño, pero no de soñar. Contradictoriamente, sueño despierto en las madrugadas, con las estrellas y el silencio profundo del mundo que duerme, ajeno a los fantasmas que habitan las calles, al sonido constante de las teclas que forman estas palabras que son el único reflejo de mi pensamiento.

Pronto estaré más viejo oficialmente, porque todos los días envejecemos más. Posiblemente habrá sustancias que animen el espíritu, otras que realcen el pensamiento, pero después llegará la resaca, las quejas y las fotos y comentarios en este medio consumidor del ocio y de la labor... debería cerrarlo, pero mejor no.

He procurado cumplir con mis deberes, anteponiendo algunos más mediatos que otros. Aunque después me dé contra las paredes a las tres de la mañana consumando los que engaveté con el desdén de dejar para mañana lo que pude haber hecho la semana pasada, he hecho las cosas que tenía que hacer... hasta donde yo sé. He tenido la osadía de rechazar dos trabajos, en estos tiempos donde conseguir uno es toda una Odisea, y no me arrepiento, porque no eran para mí, aunque los jefes digan lo contrario.

He tenido el amor como una cometa (barrilete), tan lejano, a merced del viento... pero éste se sostenía en el lecho de aire y de éter. Sin embargo solté la cuerda que me enlazaba a ese amor, y ya no tengo nada. Sólo me quedó el contemplar el ocaso triste desde la colina, esperando que otro niño, más fuerte, encontrase la cometa perdida y no la soltase nunca. A veces es mejor desprenderse de ese sentimiento tan de libros y sonetos, poner los pies en la tierra y encaminarse para hacer caminos. Para hacer caminos hay que andar... recomendacíon de mi hermano Machado, y que me cantaba mi abuelo Serrat.

El Dios Serpiente se inquieta ante esta situación, pero tendrá que acostumbrarse a la intemperie, mientras el lecho aún no está listo.

Algunos se podrán quejar, diciendo que me he apoderado de estas "Notas", y que debería abjurar a este tipo de pasatiempo. Pero yo les respondería que, más que un pasatiempo, es un menester. Sin estas líneas posiblemente moriría ahogado por el mar que no para de crecer. Son estas noches de Poema 20 las que nunca acaban... son estas noches parsimoniosas las que prefiero.

Solitario estoy más tranquilo, entre tabaco y canción, con un alegre crepúsculo naranja. Veo al mundo perderse en debates eternos, veo intelectuales pálidos extasiarse con elucubraciones vacías, retóricas: teorías insondables y barrocas. Pido disculpas a Bach y a "El Transparente" por esta blasfemia, pero en mi ignorancia no hayé un adjetivo más cercano.

La Guitarra, es la guitarra sin envejecer. Presente desde hace milenios alrededor de las fogatas, animando los flamencos allá en España, bendecida por 800 años moros, empuñada en las barricadas latinoamericanas, al lado del fusil, abatiendo dictaduras cruentas manufacturadas en West Point. Esa guitarra es otro refugio, ajeno al de escribir porque, y lo confieso, no sirvo para escribir canciones, y mucho menos para cantar. Canto bajo, muy bajo, para que sólo me escuche ella y Dios, pero Dios lo escucha todo y eso no vale. Ella ya no escucha, porque con ella no canto, aunque sí canto para ella. Guitarra de Trova, Puta del Rock and Roll, pero es la puta que quiero que sea mi esposa. La única, porque aborrezco a las putas, no por ser ellas humanas, sino a su oficio maldito que degrada a quien pudo haber sido mi madre, mi hermana o mi amada.

Esta reflexión se ha extendido demasiado sin concluir nada... y más que reflexión, pareciera ya una confesión. Pronto estaré más viejo, mi edad no iniciará con uno... sino con dos, y aunque la persona que lo lea ya haya rozado el dos hace mucho, espero que entienda que a veces, los humanos, siendo tan jóvenes, solemos sentirnos como un Rolling Stone, como dice el buen Sabina.

Concluyo, evocando al Poeta Maldito... maldita la sociedad que osó a juzgarlo:
"Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo,
¡embriáguense, embriáguense sin cesar!
De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca". Charles Baudelaire.

Yo sin más ánimos de seguir, me iré a dormir.

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