Producto de algo viejo:
A veces suelo sentarme por las noches,
Hoy de cielo nublado y estrellas furtivas,
Mañana será marzo análogo al recuerdo,
En el mismo sitio donde aguardé
El paso de las horas que me llevasen hasta allá.
Y contemplando la misma escena
Me cargo de tristeza que no puede correr
Como gotas de mar, de una fuente cristalina.
El aire que respiro transmuta en suspiros,
Reminiscente noche, el qué hice o qué hicimos.
Y pasa un alma extraña en la soledad de la calle,
Tan extraña y ajena como lo fuiste alguna vez.
La lámpara amarilla y la trinitaria
Que no ha dejado de florecer
Desde aquél verano que fue nuestro.
Antes solía yo complacerme con ver la calle,
Fumando apartado,
Con la gente en su vaivén cotidiano.
Solía yo encontrar refugio en mis tonadas tristes.
Solía, tristemente, embriagarme de feliz tristeza.
Vivaldi me llevaba por cuatro estaciones hacia Italia,
Y una Venus naciente, como por Bernini esculpida,
En éxtasis, mis brazos la tomaban.
Aún queda la esencia que dejaste en mi almohada.
Ay, la dicha de tu ausencia en esta tarde de lluvia,
Así nadie encontraría mi lágrima
Entre esta incesante garuba.
Ay de tu imagen en esta noche helada.
¿Dónde está el Sol que en el verano nos cobijó?
¿A dónde se fueron las estrellas descubiertas?
¿Acaso Orión, a su Pléyade perdida, finalmente alcanzó?
¿Acaso he sido tan vil que Dios el amor me arrebata?
¿Acaso he nacido para amar en soledad?
¿Qué sería de éstas líneas si no fuesen escritas con el alma?
Sólo una trampa cruenta para una noche desenfrenada
Un embeleso en tus oídos,
En tu corazón una chispa de esperanza,
Y para mí, si no sintiese, otra de mis artimañas.
Mírame bien, sabes que no pido nada
Procuro austeridad…
No tengo más que mi palabra
Y sé de palabras que se las ha tragado el mar.
Pero éstas plasmadas no son un triste ruego,
Y aunque tu imagen aún exalte mi pecho,
Aunque mis días se contradigan en amargos sentimientos,
Yo, lejano, sintiéndome joven con ánimos de viejo,
Quisiera sondear tu corazón bogante,
Quisiera comprender todas tus frases y gestos.
Deseo extirpar del alegre recuerdo,
Las estelas de esperanza y desenredar,
Sutilmente, las madejas del sueño que quisimos soñar
Hasta despertar, en un amigable reencuentro.
Lo mío era tuyo: la duda, la esperanza, los abrazos,
Lo incierto, la renuncia, una cuerda, un escrito,
El emprender cada día, la espera de verte,
El anhelo de estrecharte, el infinito que compartimos.
Mis defectos, mis ilusiones, mis cualidades,
Lo que soy y quiero ser,
Lo que fui, lo que no he sabido y lo que sé.
El viento arrastra placeres lejanos,
El estruendo de felices,
Exaltados u oscuros borrachos.
Yo desde aquí, donde esperé tu encuentro,
Escribo estas desordenadas líneas,
Puramente cargadas de anhelo.
Colmadas de una garganta presionada
Escritas por mano trémula sin sosiego.
Dictadas por un corazón en desconsuelo.
Discurridas por unos ojos apagados,
Murmuradas por unos labios ya secos.
Imaginando que cada estrofa
En tu oído se posa
Como una mariposa
Que anuncia primavera,
Después de aquél invierno
Que azotó tu sentimiento.
Aunque sea como una flor
Entre las páginas de un libro viejo,
Guarda este recuerdo con una línea que lo describa:
Una línea donde habitaré
Con lo único que pude ofrecer.
Algo exiguo, verdaderamente,
Pero atiborra, falso, los estantes.
Esa línea se resume
En lo ya antes escuchado.
Esa línea que expresa lo mucho que te he adorado,
Potencialmente elevado
A aquél ocho, si es que lo recuerdas,
Escrito de costado.