Soy enemigo del sueño, pero no de soñar. Contradictoriamente, sueño despierto en las madrugadas, con las estrellas y el silencio profundo del mundo que duerme, ajeno a los fantasmas que habitan las calles, al sonido constante de las teclas que forman estas palabras que son el único reflejo de mi pensamiento.
Pronto estaré más viejo oficialmente, porque todos los días envejecemos más. Posiblemente habrá sustancias que animen el espíritu, otras que realcen el pensamiento, pero después llegará la resaca, las quejas y las fotos y comentarios en este medio consumidor del ocio y de la labor... debería cerrarlo, pero mejor no.
He procurado cumplir con mis deberes, anteponiendo algunos más mediatos que otros. Aunque después me dé contra las paredes a las tres de la mañana consumando los que engaveté con el desdén de dejar para mañana lo que pude haber hecho la semana pasada, he hecho las cosas que tenía que hacer... hasta donde yo sé. He tenido la osadía de rechazar dos trabajos, en estos tiempos donde conseguir uno es toda una Odisea, y no me arrepiento, porque no eran para mí, aunque los jefes digan lo contrario.
He tenido el amor como una cometa (barrilete), tan lejano, a merced del viento... pero éste se sostenía en el lecho de aire y de éter. Sin embargo solté la cuerda que me enlazaba a ese amor, y ya no tengo nada. Sólo me quedó el contemplar el ocaso triste desde la colina, esperando que otro niño, más fuerte, encontrase la cometa perdida y no la soltase nunca. A veces es mejor desprenderse de ese sentimiento tan de libros y sonetos, poner los pies en la tierra y encaminarse para hacer caminos. Para hacer caminos hay que andar... recomendacíon de mi hermano Machado, y que me cantaba mi abuelo Serrat.
El Dios Serpiente se inquieta ante esta situación, pero tendrá que acostumbrarse a la intemperie, mientras el lecho aún no está listo.
Algunos se podrán quejar, diciendo que me he apoderado de estas "Notas", y que debería abjurar a este tipo de pasatiempo. Pero yo les respondería que, más que un pasatiempo, es un menester. Sin estas líneas posiblemente moriría ahogado por el mar que no para de crecer. Son estas noches de Poema 20 las que nunca acaban... son estas noches parsimoniosas las que prefiero.
Solitario estoy más tranquilo, entre tabaco y canción, con un alegre crepúsculo naranja. Veo al mundo perderse en debates eternos, veo intelectuales pálidos extasiarse con elucubraciones vacías, retóricas: teorías insondables y barrocas. Pido disculpas a Bach y a "El Transparente" por esta blasfemia, pero en mi ignorancia no hayé un adjetivo más cercano.
La Guitarra, es la guitarra sin envejecer. Presente desde hace milenios alrededor de las fogatas, animando los flamencos allá en España, bendecida por 800 años moros, empuñada en las barricadas latinoamericanas, al lado del fusil, abatiendo dictaduras cruentas manufacturadas en West Point. Esa guitarra es otro refugio, ajeno al de escribir porque, y lo confieso, no sirvo para escribir canciones, y mucho menos para cantar. Canto bajo, muy bajo, para que sólo me escuche ella y Dios, pero Dios lo escucha todo y eso no vale. Ella ya no escucha, porque con ella no canto, aunque sí canto para ella. Guitarra de Trova, Puta del Rock and Roll, pero es la puta que quiero que sea mi esposa. La única, porque aborrezco a las putas, no por ser ellas humanas, sino a su oficio maldito que degrada a quien pudo haber sido mi madre, mi hermana o mi amada.
Esta reflexión se ha extendido demasiado sin concluir nada... y más que reflexión, pareciera ya una confesión. Pronto estaré más viejo, mi edad no iniciará con uno... sino con dos, y aunque la persona que lo lea ya haya rozado el dos hace mucho, espero que entienda que a veces, los humanos, siendo tan jóvenes, solemos sentirnos como un Rolling Stone, como dice el buen Sabina.
Concluyo, evocando al Poeta Maldito... maldita la sociedad que osó a juzgarlo:
"Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo,
¡embriáguense, embriáguense sin cesar!
De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca". Charles Baudelaire.
Yo sin más ánimos de seguir, me iré a dormir.
domingo, 29 de marzo de 2009
Una descripción
“Crónica- Inventario de palabras que nunca serán escuchadas”
Producto de algo viejo:
A veces suelo sentarme por las noches,
Hoy de cielo nublado y estrellas furtivas,
Mañana será marzo análogo al recuerdo,
En el mismo sitio donde aguardé
El paso de las horas que me llevasen hasta allá.
Y contemplando la misma escena
Me cargo de tristeza que no puede correr
Como gotas de mar, de una fuente cristalina.
El aire que respiro transmuta en suspiros,
Reminiscente noche, el qué hice o qué hicimos.
Y pasa un alma extraña en la soledad de la calle,
Tan extraña y ajena como lo fuiste alguna vez.
La lámpara amarilla y la trinitaria
Que no ha dejado de florecer
Desde aquél verano que fue nuestro.
Antes solía yo complacerme con ver la calle,
Fumando apartado,
Con la gente en su vaivén cotidiano.
Solía yo encontrar refugio en mis tonadas tristes.
Solía, tristemente, embriagarme de feliz tristeza.
Vivaldi me llevaba por cuatro estaciones hacia Italia,
Y una Venus naciente, como por Bernini esculpida,
En éxtasis, mis brazos la tomaban.
Aún queda la esencia que dejaste en mi almohada.
Ay, la dicha de tu ausencia en esta tarde de lluvia,
Así nadie encontraría mi lágrima
Entre esta incesante garuba.
Ay de tu imagen en esta noche helada.
¿Dónde está el Sol que en el verano nos cobijó?
¿A dónde se fueron las estrellas descubiertas?
¿Acaso Orión, a su Pléyade perdida, finalmente alcanzó?
¿Acaso he sido tan vil que Dios el amor me arrebata?
¿Acaso he nacido para amar en soledad?
¿Qué sería de éstas líneas si no fuesen escritas con el alma?
Sólo una trampa cruenta para una noche desenfrenada
Un embeleso en tus oídos,
En tu corazón una chispa de esperanza,
Y para mí, si no sintiese, otra de mis artimañas.
Mírame bien, sabes que no pido nada
Procuro austeridad…
No tengo más que mi palabra
Y sé de palabras que se las ha tragado el mar.
Pero éstas plasmadas no son un triste ruego,
Y aunque tu imagen aún exalte mi pecho,
Aunque mis días se contradigan en amargos sentimientos,
Yo, lejano, sintiéndome joven con ánimos de viejo,
Quisiera sondear tu corazón bogante,
Quisiera comprender todas tus frases y gestos.
Deseo extirpar del alegre recuerdo,
Las estelas de esperanza y desenredar,
Sutilmente, las madejas del sueño que quisimos soñar
Hasta despertar, en un amigable reencuentro.
Lo mío era tuyo: la duda, la esperanza, los abrazos,
Lo incierto, la renuncia, una cuerda, un escrito,
El emprender cada día, la espera de verte,
El anhelo de estrecharte, el infinito que compartimos.
Mis defectos, mis ilusiones, mis cualidades,
Lo que soy y quiero ser,
Lo que fui, lo que no he sabido y lo que sé.
El viento arrastra placeres lejanos,
El estruendo de felices,
Exaltados u oscuros borrachos.
Yo desde aquí, donde esperé tu encuentro,
Escribo estas desordenadas líneas,
Puramente cargadas de anhelo.
Colmadas de una garganta presionada
Escritas por mano trémula sin sosiego.
Dictadas por un corazón en desconsuelo.
Discurridas por unos ojos apagados,
Murmuradas por unos labios ya secos.
Imaginando que cada estrofa
En tu oído se posa
Como una mariposa
Que anuncia primavera,
Después de aquél invierno
Que azotó tu sentimiento.
Aunque sea como una flor
Entre las páginas de un libro viejo,
Guarda este recuerdo con una línea que lo describa:
Una línea donde habitaré
Con lo único que pude ofrecer.
Algo exiguo, verdaderamente,
Pero atiborra, falso, los estantes.
Esa línea se resume
En lo ya antes escuchado.
Esa línea que expresa lo mucho que te he adorado,
Potencialmente elevado
A aquél ocho, si es que lo recuerdas,
Escrito de costado.
Venganza divina
Los ángeles vertieron semillas en el cielo
Pero las flores se precipitaron a la tierra.
Entre los humanos caminan seres celestiales
Y más que seres son flores Divinas.
El corazón humano al tocarlas se regocija
Pero la impureza mortal poco a poco las marchita.
Una Orquídea de Santa Magdalena
Calló muerta tan sólo al tocar mi puerta.
Confundido pensé que talvez no me correspondía.
Ilusionado pensé que pronto llegaría un santo perfume.
Fue entonces cuando miré al cielo.
Y desdichado contemplé la ausencia de estrellas.
Entristecido comprendí que al llegar a mí desvanecían
Entonces cerré mi puerta y decidí escribir.
Desolación
Ha llegado, se posó y se fue
alejose con el desdén del aire
se llevó la luz, las rosas y el canto.
Hoy el corazón es la piedra
angular en el muro de lamentos.
Plegarias Incrustradas,
cercenadas por el sol que
se van en las tormentas del desierto.
El desierto... tan solo
y yo soy el desierto austero
el desierto árido, tórrido
el desierto seco y vacío...
hoy sólo hay arena
en el mar odne hubo vida.
Qué es la vida
la semilla se estrella en el asfalto e igual
sólo hay sueños solitarios.
Hasta la luna se esconde
ante la desolación.
Luna desdichada tan lejana al amor
que ilumina su faz de reino de plata.
Estas palabras corren
sin sentido alguno, sin esperar ser digeridas.
Con amplio desdén creo que hay lectores.
Si no os gusta cambiar de opción.
Si al final, a ¿quién le interesa
el escrito de un lobo
en el bosque de las lágrimas invernales?
Una entrada más
Llega el final del día y regreso del mundo, porque acá los bosques han mermado y las flores crecen en lugares insondables. La mesa, iluminada por una triste lámpara blanca, me ofrece de comer. Alimento que ingiero solitario, pensando en nada, porque mi egoísmo impide a veces que agradezca ese privilegio.
Empieza el tecleo cotidiano, el análisis de postulados, la tediosa cotidianeidad de pretender entender los que ya está entendido. La luminosa pantalla del ordenador carcome mis ojos, miro a la calle que se baña en un chorro naranja intermitente. Los fantasmas del mundo recorren las calles vociferando unos, taciturnos otros. De vez en cuando el viento sopla, y mueve los árboles y los nidos en un vaivén placentero y fresco. Pero el viento se va, dejando el calor y diez hojas en el suelo.
Dentro, el chasquido del encendedor prendiendo un cigarro que he cargado durante todo el día. Arrugado, casi sin tabaco, pero al final es la heroína en segundo grado la que me despeja y me hace sentir mejor que sin ella. Cruzo unas cuantas palabras con alguien, sin otro sentido que romper el silencio que a veces mata. Al fondo, el televisor anuncia lo mismo de ayer, lo mismo del día antes de ayer y, lo más probable, lo mismo de mañana. En la distancia, muy lejos, una caricia de alma y de piel, casi inaccesible, casi etérea, pero que quema el espíritu y mueve los días.
Antes solía mirar las estrellas, tirar una tonada al aire. Pero esos eran mis días de infancia, mis días sin responsabilidad, mis días de sueño. Ahora sólo quisiera terminar la teoría, para soñar donde se debe, o donde el mundo exige que se debe, en cama y de madrugada, sin actuar y sin perturbar la rotación terrestre. Ay del ser que pierde la capacidad de maravillarse con la hormiga que levanta cien veces su peso, con la hoja muerta que se la lleva el río, con la pregunta de cuántas gotas de lluvia caen en cada ladrillo en una tarde de mayo, con el intrépido salto de un gato sobre un descuidado y condenado ratón, con una estrella que fugaz y de esporádica manera se precipita a la atmósfera para convertirse en nada. Ay del ser que ya no pide un deseo al alma de una estrella fugaz.
Pensar que se ha consagrado el mayor esfuerzo a la vida, y enterarse que todo ha significado nada... qué frustra-desespera-ción. Contemplar el mundo y la vida como uno de esos dibujos enumerados para darle color y haber perdido el pincel, o no saber contar... ¿acaso debería entonces proceder a pintar con los dedos y del color que quisiera?. Qué vale estar escribiendo estas líneas en este medio vacío de 1000 amigos que jamás conoceré o con quienes jamás cruzaré palabra, sino con unos cuantos. Ay de los días terribles en escala de grises. Ay del mar sin puente, ay del querer distante, ay de los días que se anhelan y que se los ha tragado el tiempo o una realidad sin anhelos. Ay de la guitarra con las cuerdas rotas. La botella ultraja el sentido, pero ensalza el espíritu en versos que no puedo recordar, pero sé que, al menos una noche, afloraron.
Una Percepción
Todo parece ser tan etéreo, como que si nada hubiese ahí. Como un sueño, sí, talvez como eso. No parece la ciudad corriente, no parece haber ruido. Todo es como un mundo ajeno al trajín cotidiano que inunda la vida contada de los mortales. Pero al parecer sí es. Hay risas, hay humo, hay profesoras godas que desatan su infelicidad acumulada sobre la autoestima de almas inocentes o maestros ebrios que acosan adolescentes en un salón pálido de campus en decadencia.
No será acaso que es un alma añeja atrapada en un mundo moderno, en una pantalla dura y fría, resplandeciente y uniforme. Qué es no sé, pero al parecer es, siendo el ser la existencia, la típica interacción material sin contar la metafísica o lo intangible o el éter, lo impalpable, lo insondable, lo inasible, lo que no está porque no lo toco y si no lo veo es porque no existe. Pero dicen que sí es, a mí no me consta, al final podría ser un juego. Dicen que es un topacio entre granos de arena, pero y si de verdad fuese solo millones de granos acumulados y coloreados, ya no sería lo que he escuchado que es, lo que quiero creer que puede ser.
Y si me pierdo en dos tarros de miel, de ámbar, de ocaso si acaso. Qué si me pierdo, es que acaso no me he perdido en fragmentos de obsidiana, en pozas marinas, en galaxias distantes. Ah sí, ese recuerdo de galaxias distantes que ya no están, pero que alguna vez me dieron reposo.
Pero como decía, los fragmentos de sueños reales me perturban. Pero qué perturbación más placentera, al final se podrían moldear en fantasías propias que forjarías historias, de no ser cierto. Al final eso soy: un contador de historias. Oh, frase del ser que odio entre mis vísceras pero que al final debo reconocer que me gustó ese calificativo: contador de historias. Pero mejor saldría cuenta cuentos, aunque sería muy evidente a quién cito, además ya lo he usado, y no lo repetiré más. Mejor lo guardo en esa pequeña caja hermética, la que está al costado de la morada.
La tarde gris se ha ido en ideas mutiladas de brazos. Hay un letargo provocado por el desvelo, una pereza opiácea clavada en la espina por el sol del mediodía acumulado después de 8 cuadras a punta de zapatos rotos. En la oficina todo es ruido de aires acondicionados. Un cigarro por aquí y otro por allá, al final ya no hice nada… mañana será un día más, talvez más ocioso y descansado.
Y el sueño es intermitente, a veces es más verdadero, pero casi nunca terrestre. Será un día de éstos, el día aquél cuando desperté para encontrarlo terrenal… no sé a lo mejor, talvez, quién sabe, quizás. Ojalá no sé, yo no quisiera tener caminos cansados en las paredes atormentando más un descanso que ya casi es un lujo. Pero bueno, el sueño es soñado por más de uno y yo ya ni sé si sueño despierto o es que vivo soñando.
Gestación de Tristeza entre risa
Visiones de tus ojos que
Muestran verdades inasibles
Y etéreas, entre mantos de niebla.
Cuando hubo una mano tibia
Todo pareció integrarse en
Una concatenación de aconteceres
Futuros, forjados por presentes sin pasado.
No sentimos la vida como un vértigo,
Ni se siente el amor como palpitaciones azarosas.
Se vive entre la tinta y el sueño
Que se estrellan contra verdades de concreto.
Y aunque un gesto noble se forje
En las entrañas seguras de lo incierto.
No habrá cabida, aquí, a historias de fragmentos
De visiones de ojos ajenos.
Somos forjadores de tonadas tristes
Y versos de desamparo.
Carretera
Yendo más rápido que todas las estrellas
Que ese universo que se revela sobre nosotros
Puede reservar al diafragma biológico
Abierto hasta el punto de la sobreexposición neuronal.
Por las colinas verdes de fríos suspiros
Bajamos, bajamos
Vemos el perfil solitario de los árboles entre el cielo purpúreo
Y la tierra que se cobija ante la noche
Con su manta de oscuro satín.
Y cantan los grillos
Rrri rrrri rrrrri
Su serenata de mil años a una luna que no los toca
Se pierde, se aleja se difumina entre los rugidos de los coyotes.
Escondidos coyotes que buscan la carne desprevenida.
Pero esta cápsula del tiempo es impenetrable
Y su grito de luz perturba a las criaturas de la noche.
Y todas las hadas que han dejado su perfume de humo
se extinguen en pequeñas brazas dentro de su lecho de pergamino.
Empiezan los ríos sonoros a verter su elíxir en mi extasiado sentido.
Y la curvatura del espacio es descendida
Como una montaña rusa gigante y oscura de planos cartesianos de neón colorado
Hasta donde se pierde el tic tac, y los relojes, y cronos pierde la vista, sin saber
A quién sigue y qué Busca.
Somos inmortales, inmunes al dolor,
Despojados de sufrimiento,
Somos el temor de las percepciones,
La esquizofrenia de los sentidos,
El escarnio de los ojos arados,
El éxtasis del tacto, somos la dialéctica, el discurso, el ágora del mundo.
Somos papeles escritos con tinta de la India,
Somos el loto de la redención y citares principales en un frenesí de almas sobre el Ganges.
Somos estelas de luces, navegantes del espacio encallados en el desierto.
Desiertos en donde no queda más que hallar el más cercano oasis.
Querer (Juego de Peligro)
Jugamos a sentirnos con las manos frías
Queriendo despertar del éter los sueños profundos
Queremos cruzar las miradas y jamás despertarnos
Queremos hacer que la luna, sobre la noche,
Brille con luz propia.
Queremos asirnos a las apariencias de lo apropiado
Queremos ser cuerpos entre algodones fraguados
Queremos juntar los astros
Aspirar las estrellas
Queremos sondear en la profundidad del océano
Los bellos tesoros, para después olvidar.
Queremos necesitarnos sin dejar los placeres
Olvidar las discrepancias en el regocijante azar
Queremos ser aves de vuelos lejanos
Queremos perdernos como las olas del mar.
Queremos que un sueño sea la realidad
Sin conocer realidades que habremos de soñar
Queremos tener palpitaciones de brazas
Saber que sentimos el gozo sin tener que llorar.
Deshagamos la cotidiana sonrisa
Y ese buen día de tan fría mejía
Hagamos collares de galaxias
Y pongamos cuatro soles en lugar de bombillas.
Si es bello y se acaba que no haya lágrimas
Si es crudo y terrible que al despertar se olvide.
Pongamos la tinta en el papel
Y el corazón en el tintero
Que se forjen los versos más tristes
Y ya después, en el recuerdo,
Como quijotes cabalguemos.