lunes, 11 de febrero de 2008

Escrito del último día

Un día de éstos me desperté con la resaca del desamparo. El reloj marcaba con estrépito el pasar de la vida sin dejarme siquiera reconciliarme con ella. En la ventana de la habitación un cielo grisáceo y enfermizo, helado y vacío asomaba su faz desierta. Un ave negra surcó el muro inasible de concreto infinito, en la dirección del viento perfumado de soledad e indiferencia.

Mis recuerdos de infancia llenaban un vacío existencial que incrementaba con el pasar de una vida ennarcotecida, oscura, fría y problemática. Cuando en el lienzo de los ojos apagados se dibujan las fantasías recónditas del pensar, el corazón pueril acelera su trajinar cotidiano para caer en la cuenta al despertar el sol, que en un mundo de éter no se vive de experiencias, no se vive de nada, es una muerte pasajera.

Increíbles luces, voces e ídolos de tierras lejanas, inexistentes y místicas, llenaban mi habitación, trazando en el techo, el suelo y mis ojos los cuadros de una galería interminable de anhelos, donde uno vuelve a ser niño y escoge qué sueño vivir y ser partícipe, ser el forjador de la vida deseada; en un templo perdido entre la selva, una ciudad de coral en el fondo del océano o bien tocar las estrellas con las manos desnudas y preguntarle al Divino dónde se esfumó mi dulce inocencia, que en el pasar de los años la he buscado sin encontrarla, necesitándola para vivir tranquilo o tan siquiera para no seguir perdiendo el cabello.

La gente que deambula por esta selva de materiales de construcción, con un sólo destino que es el lucro, arrastran sus pies con la inercia desesperante impuesta por un mundo traumatizado, que expira entre los gases de su interior, que sus venas se han secado y el cáncer humano devora sus pulmones.

Una luz en la penumbra de la humanidad inundó mi corazón de amar efímero. Apareció en mi momento de agonía, cuando deambulaba ciego de sentir. Si tenía suerte sus ojos iluminaban mi vida, si estaba bendito sus labios se posaban cual mariposas en mi mejía.
Sus palabras, su mirada y su beso bajo un manto de plata, cuando los ángeles curiosos encendieron todas sus linternas para ser testigos de esa consagración al mandato divino. Una noche mitológica, de fantasía, de aves luminosas que surcan el cielo mientras dragones iridiscentes cruzan los campos de tulipanes bajo un cielo de melancolía, ese manto espeso rasgado por la saeta del Cupido que da paso al júbilo, a los versos y al deseo de querer ser mejor cada día.

Así he ido, cayendo y levantándome, a veces en el suelo tomo mi tiempo para contemplar las estrellas, que en las noches de marzo su brillo es más sincero.

Y el tiempo se pasa lento cual misa en domingo de Ramos, qué sensación de hormigas en los brazos, por qué el cigarrillo me quema los dedos si apenas lo encendí. Me atacan súbitamente dos de las peores condenas: la sed y el hambre. Colores, luces, por qué no despega su mirada de mí el tipo de la banca en la esquina… me da risa la forma cómo gira su cabeza.

Me pregunto si en realidad vale la pena seguir lidiando con tantos enredos, con la maraña de la maldad en los corazones humanos pero veo los destellos de franqueza en tus ojos, la felicidad encarnada en tu sonrisa y la dulzura exquisita en tu voz bendita; cuando iluminas mis días de exigua ansia vital, cómo llenas de luz la penumbra de mis senderos, cómo transformas en carne la roca seca y fría que cargo entre mis costillas.
Ya al caer la noche lidio con mis pensamientos, con mis sentimientos… imágenes y escritos. Un revoltijo de papeles entre colillas de cigarros y sábanas. El reflejo vivo de mi pensar, de mi vida, todo lo que quisiera hacer cuando se presentase el momento…el momento está ahí, ha llegado… no será más que tinta surcando senderos de ilusión.

Contemplo un cielo donde el ocaso se expresa con inspirante túnica, de oro y pasión. Me sumerjo en las olas turquesas inmensas como dunas de cristal, pero estoy lejos de donde deseo estar, de con quién deseo estar. Encerrado en esta habitación opresora en momentos de frustración, pero cuando mi pensamiento es impregnado por la estela de tu imagen… como las que dejan las estrellas fugaces, deseos o anhelos, como le quieran llamar, al surcar efímeras las noches de esperanza, transmuta en el templo de la creación, del verso, de los lienzos cargados de color portador de sentimiento.

Hoy me he levantado sin pesadez, el viento arrastra la esencia de las rosas de un verano de anhelos. El cielo se ha convertido en espejo de la pureza. Hoy la gente ha abandonado la rutina y se ha visto a los ojos… por primera vez la humanidad ha encontrado el sentido a decir hola. Pero por qué estoy de pie cuando mi cuerpo sigue acostado, por qué la sensación de flotar sin restricción alguna.

Y entonces me olvidé de la inocencia para preguntar por mi felicidad, por mi capacidad de expresar mi sentir… tan siquiera para no haber perdido la vida.

Autor: El Caminante
Martes 6 de junio del 2006/ publicado 11 de febrero de 2008

2 comentarios:

Iván dijo...

"Una luz en la penumbra de la humanidad inundó mi corazón de amar efímero. Apareció en mi momento de agonía, cuando deambulaba ciego de sentir"·

¿Esa luz que te iluminó hacia donde se fue? Mala onda, pronto regresará, paciencia.

Carlos Iván Sánchez

Iván dijo...

Después del "tapi" casi siempre viene la reflexión sobre nuestras vidas y la pregunta de que jodidos hacemos con ella.

Pero al siguiente día la curamos con otra cerveza jaja.

Carlos Iván Sánchez