jueves, 1 de mayo de 2008

Recuerdo

Yo sé que, pasado el tiempo, me olvidarás.
Seré, si acaso, vago recuerdo de melancolía.
Quizás, pasado el tiempo, querrás escuchar una voz,
pero la memoria te mentirá, y no sabrás que era la mía.


Quizás recuerdes las tardes, y los atardeceres.

Talvez recuerdes mis tristes ojos verdes.

Puede que canciones viejas, las oigas y te estremezcan,
pero aquél rostro mío al cantar, puede que ya no lo veas.


En mis cajones conservo, papeles e improvisados versos.
En mi labor de contar, cada vivencia es un fragmento.
¿Serás tú, Flor Alpina, uno de los más dulces recuerdos?

Y allá, lejana, cuando llegue el frío invierno,
regresarás a aquella isla, a la madrugada bajo el cielo,
y recordarás, que de éste, eres Estrella Azul de mil destellos.

Parte Compañero


Hoy no te hablo, hermano, por lo que fuimos.
Hoy me despido de ti como camarada
Regresas del dulce abismo, a velar el huerto.
Hoy te abrazan las banderas invisibles
Posándote estrellas y rubíes, a los que abjuras.
Viejo austero, terco e imprescindible
Mano generosa, noble y de acero
Pero de seda y paterna para con aquellas.
Cuántas tertulias quedaron pendientes.
Cuántas páginas se podrían colmar de historias,
Esas historias anónimas que hicieron historia.
Tu nombre es ambiguo, tu pasado es glorioso
Tu edad es certera, pesada
Tu edad trae consigo las canas y tardes polvorientas.
Eres personaje de una novela marqueciana.
¿Serás abuelo que ganó mil batallas?
¿Interrumpirás más besos para dar solución
A problemas que forjas, conciente, en tu imaginación?
Parte hermano, ya cumpliste con tu labor
Tu huella se plasmó en la más dura obsidiana.
Incierto es si te volveré a ver,
Hoy por hoy te digo,
Jamás te dejé de admirar Manuel.

lunes, 28 de abril de 2008

Cuestiones

Hoy en el dolor de tu ausencia
Se ha posado el ángel de la espada
Flameante como un rayo de sol
En la oscuridad del espacio.

Las estrellas contaron sus secretos calcinantes
De las galaxias que giran sin parar tras años
De soledad que se traga la más dulce y sincera
De las luces que emanan: ¿para qué?

Qué sentido tiene dedicar mas no enviar
Qué sentido tiene amar sin que la amada lo sepa
Que sentido tiene un beso a una estatua de frío mármol

Qué sentido tienen mis lágrimas si el mar
Está hecho de ellas, de suspiros, que se tragan
Cada atardecer tu recuerdo, la más dulce de las estrellas.

jueves, 24 de abril de 2008

El Sueño

Qué será esta perversidad que en mis noches se mofa
Del eterno descanso del sentir apagado
Y sin revuelos ni trinos, sólo llega y se posa
Para velar la razón de un infeliz abandonado.

Ave perpetua de noches infinitas
Eres un ángel acaso que atraviesa los cielos
Para estar a mi lado en la habitación vacía
Enjugando las lágrimas con canciones y recuerdos.

Pero la noche es eterna y el sueño traidor
Y en lienzo de fantasía envuelve el espejo
Gemelo, profundo y transportador

A estanques divinos de musas y poesía
O bien cementerios y dagas y lunas guadaña
Convirtiendo el letargo en infinita pesadilla.

Sin título

Este podría ser una vacilación, esperanza aunque no exista vestigio de ella, o una determinada imprudencia con cimientos sobre un trapecio.

Jamás podré olvidar la esperanza
que se hundió en el fango del miedo.
Miedo infundado, o forjado en sólido cimiento
y las lágrimas derramadas tan a lo lejos.
Yo siendo aquí tonada al aire,
tonada de violín sin mano o arco.
Sólo yo y compañías inciertas
que hoy me pierden en la ilusión y el letargo.
No me atarán más cadenas de lo moral,
si entre botellas y estruendo debo morir, lo haré.
más de alguna mano en la sombra será mi apoyo,
más de alguna estrella me guiará sobre el mar... sin retorno.
Oiré tu canto lejano y sincero,
sentiré tus manos al caer el triste invierno,
olvidaré tu nombre cuando al mío, otro corazón cobije,
y descubriré canciones que talvez a otra dedique.
Sabes que soy ser de tristeza y melancolía.
Fusionamos almas pero nunca comprendiste la mía.
Por la diplomacia, la arrogancia, el lujo y el deber
este último casi lo olvido. Era casi un sol por caer.
Hoy quisiera descansar de esta vil batalla.
Mis pies tienen llagas, mi espalda y hombros todavía sangran.
Pero aún queda trayecto que surcar para sembrar nueva luz,
luz que tras la montaña se filtra como augurio de buen mañana.
Cómo decir, y que me creas, que te amé a más no poder.
Si mis palabras y voz fueron espadas de ártico hielo,
no me prestes atención, el pasado se disuelve
en cada latido que da el corazón.
Hoy una tarde dorada me cobija.
Estoy en la cápsula donde el tiempo muere solo.
Afuera el mundo debate entre leyes, bombas y muerte.
Aquí dentro mi mano se envulve en la seda de un nuevo tesoro.
Hoy quiero, adoro, contemplo y me regocijo.
Hoy, pequeña, yo estoy bien,
y tú, ya no estás conmigo.

lunes, 11 de febrero de 2008

Escrito del último día

Un día de éstos me desperté con la resaca del desamparo. El reloj marcaba con estrépito el pasar de la vida sin dejarme siquiera reconciliarme con ella. En la ventana de la habitación un cielo grisáceo y enfermizo, helado y vacío asomaba su faz desierta. Un ave negra surcó el muro inasible de concreto infinito, en la dirección del viento perfumado de soledad e indiferencia.

Mis recuerdos de infancia llenaban un vacío existencial que incrementaba con el pasar de una vida ennarcotecida, oscura, fría y problemática. Cuando en el lienzo de los ojos apagados se dibujan las fantasías recónditas del pensar, el corazón pueril acelera su trajinar cotidiano para caer en la cuenta al despertar el sol, que en un mundo de éter no se vive de experiencias, no se vive de nada, es una muerte pasajera.

Increíbles luces, voces e ídolos de tierras lejanas, inexistentes y místicas, llenaban mi habitación, trazando en el techo, el suelo y mis ojos los cuadros de una galería interminable de anhelos, donde uno vuelve a ser niño y escoge qué sueño vivir y ser partícipe, ser el forjador de la vida deseada; en un templo perdido entre la selva, una ciudad de coral en el fondo del océano o bien tocar las estrellas con las manos desnudas y preguntarle al Divino dónde se esfumó mi dulce inocencia, que en el pasar de los años la he buscado sin encontrarla, necesitándola para vivir tranquilo o tan siquiera para no seguir perdiendo el cabello.

La gente que deambula por esta selva de materiales de construcción, con un sólo destino que es el lucro, arrastran sus pies con la inercia desesperante impuesta por un mundo traumatizado, que expira entre los gases de su interior, que sus venas se han secado y el cáncer humano devora sus pulmones.

Una luz en la penumbra de la humanidad inundó mi corazón de amar efímero. Apareció en mi momento de agonía, cuando deambulaba ciego de sentir. Si tenía suerte sus ojos iluminaban mi vida, si estaba bendito sus labios se posaban cual mariposas en mi mejía.
Sus palabras, su mirada y su beso bajo un manto de plata, cuando los ángeles curiosos encendieron todas sus linternas para ser testigos de esa consagración al mandato divino. Una noche mitológica, de fantasía, de aves luminosas que surcan el cielo mientras dragones iridiscentes cruzan los campos de tulipanes bajo un cielo de melancolía, ese manto espeso rasgado por la saeta del Cupido que da paso al júbilo, a los versos y al deseo de querer ser mejor cada día.

Así he ido, cayendo y levantándome, a veces en el suelo tomo mi tiempo para contemplar las estrellas, que en las noches de marzo su brillo es más sincero.

Y el tiempo se pasa lento cual misa en domingo de Ramos, qué sensación de hormigas en los brazos, por qué el cigarrillo me quema los dedos si apenas lo encendí. Me atacan súbitamente dos de las peores condenas: la sed y el hambre. Colores, luces, por qué no despega su mirada de mí el tipo de la banca en la esquina… me da risa la forma cómo gira su cabeza.

Me pregunto si en realidad vale la pena seguir lidiando con tantos enredos, con la maraña de la maldad en los corazones humanos pero veo los destellos de franqueza en tus ojos, la felicidad encarnada en tu sonrisa y la dulzura exquisita en tu voz bendita; cuando iluminas mis días de exigua ansia vital, cómo llenas de luz la penumbra de mis senderos, cómo transformas en carne la roca seca y fría que cargo entre mis costillas.
Ya al caer la noche lidio con mis pensamientos, con mis sentimientos… imágenes y escritos. Un revoltijo de papeles entre colillas de cigarros y sábanas. El reflejo vivo de mi pensar, de mi vida, todo lo que quisiera hacer cuando se presentase el momento…el momento está ahí, ha llegado… no será más que tinta surcando senderos de ilusión.

Contemplo un cielo donde el ocaso se expresa con inspirante túnica, de oro y pasión. Me sumerjo en las olas turquesas inmensas como dunas de cristal, pero estoy lejos de donde deseo estar, de con quién deseo estar. Encerrado en esta habitación opresora en momentos de frustración, pero cuando mi pensamiento es impregnado por la estela de tu imagen… como las que dejan las estrellas fugaces, deseos o anhelos, como le quieran llamar, al surcar efímeras las noches de esperanza, transmuta en el templo de la creación, del verso, de los lienzos cargados de color portador de sentimiento.

Hoy me he levantado sin pesadez, el viento arrastra la esencia de las rosas de un verano de anhelos. El cielo se ha convertido en espejo de la pureza. Hoy la gente ha abandonado la rutina y se ha visto a los ojos… por primera vez la humanidad ha encontrado el sentido a decir hola. Pero por qué estoy de pie cuando mi cuerpo sigue acostado, por qué la sensación de flotar sin restricción alguna.

Y entonces me olvidé de la inocencia para preguntar por mi felicidad, por mi capacidad de expresar mi sentir… tan siquiera para no haber perdido la vida.

Autor: El Caminante
Martes 6 de junio del 2006/ publicado 11 de febrero de 2008

jueves, 7 de febrero de 2008

Creaciones incipientes

Poco a poco se irá creando este espacio, con diligencia de parte de éste que escribe y con la contribución de aquellos que lean y que, motivados por las letras, enriquezcan esta página.